Notas ·
Cuatro minutos, una continuación
Después del ensayo sobre el reloj de mi cocina, los lectores me enviaron sus propios relojes desajustados: adelantados, atrasados y, en un caso, marchando deliberadamente al revés. El desfase más común es de cinco minutos. El récord es de veintidós, y lo tiene una lectora que dice que nunca ha llegado tarde ni ha sabido jamás qué hora era. No mencionaré nombres. Cada uno de estos relojes es un secreto doméstico.
Ilse Marrow
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