Notas ·
La campana de un domingo
La panadería detrás del mercado cierra los domingos. Aun así, a las nueve y cuarto se abren dos ventanas en la calle, permanecen abiertas un minuto y vuelven a cerrarse. Lo vi ocurrir tres domingos seguidos. Nadie esperaba que hubiera pan. Esperaban la campana, por costumbre, y, cuando no sonó, volvieron a sus mañanas un poco decepcionados y, creo, un poco tranquilizados al comprobar que la semana tenía una forma.
Ilse Marrow
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