El violonchelista, otra vez
El hombre del estuche de violonchelo iba otra vez en el de las 23:52. Se durmió desde la primera estación, como antes, con una mano sobre el estuche, como si pudiera marcharse sin él. Ya lo he visto cuatro veces y nunca lo he visto despierto, y he decidido que no quiero saber dónde toca. A algunos pasajeros habituales es mejor dejarlos ser como el tiempo.